Historia del Jabón
Según cuenta una leyenda romana, el jabón fue descubierto debajo
del monte Sapo, junto al río Tíber. En esas orillas, la grasa de los animales
que allí se sacrificaban mezclada con las cenizas de las maderas de los fuegos ceremoniales
formaban una pasta con propiedades limpiadoras; los esclavos romanos notaron
que esa crema limpiaba sus manos y luego la comenzaron a usar para limpiar sus
ropas. Pero también hay documentación que habla de su utilización en Babilonia,
alrededor de año 2.800 AC: se encontraron tarros de arcilla con inscripciones
en las que se describe la mezcla de grasas hervidas y cenizas. Algunas otras
corrientes de estudio hallaron evidencias de su uso en varios pueblos celtas. Galeno, médico griego del siglo II, fue uno de los primeros en hablar
del jabón como medio curativo, para la higiene personal y para el lavado de
ropa. Sus teorías fueron base fundamental hasta la Edad Media. En aquellas
épocas, las ciudades mediterráneas fueron grandes productoras de jabón gracias
a su abundante producción de aceite de oliva. El jabón de Marsella era preparado
con una mezcla de grasas vegetales. Pero recién en el siglo XVIII se
desarrollaron técnicas para obtener un jabón más puro mientras que la población
comenzaba a tomar conciencia acerca de la importancia de la higiene. En este
sentido, los hallazgos de Luís
Pasteur demostraron que el aseo
personal redúcela expansión de enfermedades. Esto permitió que se profesionalizara
y se expandiera la fabricación y el uso del jabón. Luego, la revolución industrial del siglo XIX hizo que la limpieza de ropa, personal e industrial
adquiriera otra dimensión al mecanizarse hasta convertirse en lo que es hoy. Entre
tantos inventos y descubrimientos, apareció el primer lavarropas, en ese
entonces, conocido como lavadora mecánica.
El primer aparato para el lavado de ropa era una especie de
bañadera cerrada con unos agitadores de madera. Con este implemento (que de mecanizado
tenía bastante poco) se podía ahorrar tiempo en el lavado, se podía hacer la
tarea con una mejor postura física y la lavandera no tenía las manos
permanentemente mojadas. Pero todavía faltaba la otra mitad: el producto para
lavar la ropa, que aún era un artículo de lujo. Con el advenimiento de este
invento comenzó a desarrollarse simultáneamente la industria del jabón. Esto se
debió a que las fábricas comenzaron a expandirse gracias a las nuevas energías
descubiertas e hicieron de la fabricación del jabón una gran
Industria. Con mayor oferta y mejor producción, el precio del
jabón comenzó a bajar y dejó de ser un artículo exclusivo para unos pocos para
convertirse en un artículo de uso masivo y de primera necesidad. Aparecieron
los jabones para el cuerpo, para uso personal e íntimo, y, por supuesto, específicos
para el lavado de ropa.
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