miércoles, 6 de marzo de 2013

Historia del Jabón


Historia del Jabón
Según cuenta una leyenda romana, el jabón fue descubierto debajo del monte Sapo, junto al río Tíber. En esas orillas, la grasa de los animales que allí se sacrificaban mezclada con las cenizas de las maderas de los fuegos ceremoniales formaban una pasta con propiedades limpiadoras; los esclavos romanos notaron que esa crema limpiaba sus manos y luego la comenzaron a usar para limpiar sus ropas. Pero también hay documentación que habla de su utilización en Babilonia, alrededor de año 2.800 AC: se encontraron tarros de arcilla con inscripciones en las que se describe la mezcla de grasas hervidas y cenizas. Algunas otras corrientes de estudio hallaron evidencias de su uso en varios pueblos celtas. Galeno, médico griego del siglo II, fue uno de los primeros en hablar del jabón como medio curativo, para la higiene personal y para el lavado de ropa. Sus teorías fueron base fundamental hasta la Edad Media. En aquellas épocas, las ciudades mediterráneas fueron grandes productoras de jabón gracias a su abundante producción de aceite de oliva. El jabón de Marsella era preparado con una mezcla de grasas vegetales. Pero recién en el siglo XVIII se desarrollaron técnicas para obtener un jabón más puro mientras que la población comenzaba a tomar conciencia acerca de la importancia de la higiene. En este sentido, los hallazgos de Luís Pasteur demostraron que el aseo personal redúcela expansión de enfermedades. Esto permitió que se profesionalizara y se expandiera la fabricación y el uso del jabón. Luego, la revolución industrial del siglo XIX hizo que la limpieza de ropa, personal e industrial adquiriera otra dimensión al mecanizarse hasta convertirse en lo que es hoy. Entre tantos inventos y descubrimientos, apareció el primer lavarropas, en ese entonces, conocido como lavadora mecánica.
El primer aparato para el lavado de ropa era una especie de bañadera cerrada con unos agitadores de madera. Con este implemento (que de mecanizado tenía bastante poco) se podía ahorrar tiempo en el lavado, se podía hacer la tarea con una mejor postura física y la lavandera no tenía las manos permanentemente mojadas. Pero todavía faltaba la otra mitad: el producto para lavar la ropa, que aún era un artículo de lujo. Con el advenimiento de este invento comenzó a desarrollarse simultáneamente la industria del jabón. Esto se debió a que las fábricas comenzaron a expandirse gracias a las nuevas energías descubiertas e hicieron de la fabricación del jabón una gran
Industria. Con mayor oferta y mejor producción, el precio del jabón comenzó a bajar y dejó de ser un artículo exclusivo para unos pocos para convertirse en un artículo de uso masivo y de primera necesidad. Aparecieron los jabones para el cuerpo, para uso personal e íntimo, y, por supuesto, específicos para el lavado de ropa.

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